Esto va dedicado a todos los personajes secundarios, que como yo, quizás pensaron alguna vez, que en la vida; no les pasaba nada. Aprended a quereros. Nada existe sin el riesgo a jugar, señores, y desde luego, durante años puede uno estar sentado en el anden de la vida, viendo pasar todos los trenes, quizás por miedo o por respeto, nunca se sube a ellos, y lo único patente, es que los años siguen pasando. No digo que os vayan a pasar cosas buenas. Que os pasaran cosas; es seguro, pero no es bueno tampoco permanecer inmóvil, levantaos, y decidid que camino tomar, pero siempre y cuando hayáis decidido asumir las consecuencias. No vale decir, “me retiro”, o “en realidad no quería”, juguemos a vivir y a que nos pasen cosas, y no a los demás. Metámonos en los charcos del camino, impliquémonos en la vida, pero no pasemos como meros espectadores. Aprendamos a no ser un secundario figurante, de esos que salen al fondo en una película, tomando un café, vayamos paso a paso, elijamos el camino a seguir, el tren al que subir, llenemos nuestras maletas con todo aquello que nos gustaría, y pongámonos unas botas por los charcos en los que, dadlo por seguro, nos meteremos en este viaje, pero movámonos.
Un abrazo queridos personajes secundarios, y recordad, que hasta ahora, hemos sido, y hemos estado; pero ahora nos movemos.
Transmites bien sin duda lo que sientes, que siempre es más dificil de expresar que lo que se siente.
Como tu bien sabes se confunde con demasiada frecuencia lo importante con lo que realmente tiene importancia. Es más una buen baremo de ver lo que realmente es valioso es observar lo que provoca el hecho, logro etc., en la jente. Posiblemente la mayor parte de los posibles lectores que pudiera tener este escrito estarán ahora mismo más pendientes de la falta de ortografía que he cometido en la frase interior; se están fijando en la forma y no en el fondo.
A las victorias de Fernando Alonso se les da una importancia mucho mayor que a cada vida que salva la fundación creada por la Madre Teresa o la de Vicente Ferrer. Sin embargo son estas unas victorias que no tienen la contraposición de una derrota, nadie se queda con resentimiento por ellas, a todo el mundo le parece bien, todo el mundo gana.
Pero sobre todo, y esto es lo más importante, para discernir entre lo deseable y lo deseado, está el parámetro de la envidia. Los éxitos mundanos de los grandes deportistas, empresarios, artistas, etc., aparte de los aplausos de sus seguidores o admiradores, también provocan recelo o envidia en sus competidores.
¿Qué es lo que más celebra en una victoria de una equipo pequeño sobre un grande, la afición del modesto o ganador, la victoria propia o la derrota ajena?
Las acciones altruistas de las grandes personas(que no personajes) antes mencionas, sólo pueden provocar sentimientos píos y edificantes. ¿Acaso un misionero puede sentir envidia de que su compañero de congregación salve más vidas que él? No es cuestión de vencer, en la victoria siempre hay una merma de la parte perdedora; es cuestión de aportar, de conseguir, de añadir sin que nada disminuya.
Bueno va siendo hora de ir a comer, ya sabes quien soy. En tus manos queda el considerar con mayúsculas el nombre(requerido) y el cambiar esa palabra tan frívola por otra más adecuada, amigo por ejemplo.
comentario por el colega — Agosto 18, 2007 @ 11:37 am