Sueño besos que no me das.
Sueño un paseo, una playa y tú a mi lado. Sueño mi mano, que entrelaza sus dedos entre tus dedos. Tu me miras, y me sonríes. Sonrisa-amistad, pienso yo. Es de noche, sueño yo, con los astros como testigos.
-Son dos amantes remotos que se besan—dice mi sueño señalando estrellas—y esa luz es su pasión.
Mi sueño se acerca a tus labios y antes de besarlos, despierto.
Quiero volver a dormir y retomar el sueño. ¡No donde lo deje!. Desde el principio. Desde el paseo.
Quiero volver a dormir, yo; el mendigo de besos. De besos de tus labios. De besos inalcanzables, ni tan siquiera en sueños.
Besos de ti, que eres quien quiero. Y querer es más. Querer implica recuerdo. Es añorar estar contigo, es escuchar tu voz, es hacer tus sueños míos, es relajarse en tu presencia, es medicina para mí, es, a la vez, egoísmo.
Este corazón que quiere, es corazón anegado. Por el dolor. El de no ser visto.
Por que tu me miras y no me ves.
Ignoras mi dolor y me sigues dando esos besos de despedida. Esos caramelos y golosinas, que ¡sí!, como niño yo deseo. Y me saben dulces, ¡sí!, pero a la vez amargos, al reposar en mis mejillas, ¡tan lejos de mis labios!.
Aun así lo aprecio. Es lo único que tengo.
Y me vuelvo a dormir.
Y al dormir, sueño.
Te llevo a casa, sueño. Paro el coche y espero tu adiós. Y sin mi sueño decir nada, sueño tus besos, juntar de labios, de deseados en peregrinos, de peregrinos en deseados, besos etéreos, transparentes, besos de plena duración, besos de gata rápidos y furtivos, besos tímidos en la búsqueda de los labios, besos ruborizados y ruborizantes, besos renunciados, con sabor a tristeza, a añoranza, besos de pecado, besos que desatan las manos en caricias, besos cariñosos, besos clandestinos, besos que dan parte de mi, que toman parte de ti, besos susurrantes de palabras prohibidas, besos cautivos. Y el sueño muere. Y yo languidezco. ¡Ah, mis labios, condenados a vagar en el vacío!.
Y en mi despertar, añoro. Añoro el beso. El de la despedida, el del encuentro, el del estar contigo.
Tal vez algún día, pienso. Tal vez un beso. Tal vez en la despedida, cierre ella sus labios sobre los míos, en un simple roce, un sencillo juntar, sellados en el reposo, roce de labios sincero, leve, suave, ligero, sin peso, siendo caricia, susurro silencioso, sólo eso.
Sólo eso, nada más.
Y cierro los ojos, para quedar dormido.
Y así soñar… los besos que no me das.
Por un momento pense que era para mi , pero ayer supe que era de otra,,,, ahora bien yo escribiria mi pensamiento tal cual,intentalo. tienes alma pero mucha palabra,acuerdate se trata de la calidad,no de la cantidad.
comentario por NIÑA — Septiembre 11, 2007 @ 1:14 pm