Prietenfernando

Agosto 28, 2007

Hoy como es martes; un beso

Archivado en: General — prietenfernando @ 1:09 pm

       

       

           Sueño besos que no me das.

 

           Sueño un paseo, una playa y tú a mi lado. Sueño mi mano, que entrelaza sus dedos entre tus dedos. Tu me miras, y me sonríes. Sonrisa-amistad, pienso yo. Es de noche, sueño yo, con los astros como testigos.

 

                   -Son dos amantes remotos que se besan—dice mi sueño señalando estrellas—y esa luz es su pasión.

 

           Mi sueño se acerca a tus labios y antes de besarlos, despierto.

 

           Quiero volver a dormir y retomar el sueño. ¡No donde lo deje!. Desde el principio. Desde el paseo.

 

           Quiero volver a dormir, yo; el mendigo de besos. De besos de tus labios. De besos inalcanzables, ni tan siquiera en sueños.

 

           Besos de ti, que eres quien quiero. Y querer es más. Querer implica recuerdo. Es añorar estar contigo, es escuchar tu voz, es hacer tus sueños míos, es relajarse en tu presencia, es medicina para mí, es, a la vez, egoísmo.

 

           Este corazón que quiere, es corazón anegado. Por el dolor. El de no ser visto.

 

            Por que tu me miras y no me ves.

 

           Ignoras mi dolor y me sigues dando esos besos de despedida. Esos caramelos y golosinas, que ¡sí!, como niño yo deseo. Y me saben dulces, ¡sí!, pero a la vez amargos, al reposar en mis mejillas, ¡tan lejos de mis labios!.

 

           Aun así lo aprecio. Es lo único que tengo.

 

           Y me vuelvo a dormir.

 

           Y al dormir, sueño.

 

           Te llevo a casa, sueño. Paro el coche y espero tu adiós. Y sin mi sueño decir nada, sueño tus besos, juntar de labios, de deseados en peregrinos, de peregrinos en deseados, besos etéreos, transparentes, besos de plena duración, besos de gata rápidos y furtivos, besos tímidos en la búsqueda de los labios, besos ruborizados y ruborizantes, besos renunciados, con sabor a tristeza, a añoranza, besos de pecado, besos que desatan las manos en caricias, besos cariñosos, besos clandestinos, besos que dan parte de mi, que toman parte de ti, besos susurrantes de palabras prohibidas, besos cautivos. Y el sueño muere. Y yo languidezco. ¡Ah, mis labios, condenados a vagar en el vacío!.

 

           Y en mi despertar, añoro. Añoro el beso. El de la despedida, el del encuentro, el del estar contigo.

 

           Tal vez algún día, pienso. Tal vez un beso. Tal vez en la despedida, cierre ella sus labios sobre los míos, en un simple roce, un sencillo juntar, sellados en el reposo, roce de labios sincero, leve, suave, ligero, sin peso, siendo caricia, susurro silencioso, sólo eso.

 

           Sólo eso, nada más.

 

           Y cierro los ojos, para quedar dormido.

            Y así soñar… los besos que no me das.                

 

Agosto 27, 2007

La traición de los desconocidos

Archivado en: General — prietenfernando @ 10:36 pm

                                       Queridos personajes secundarios, ¿quienes son los desconocidos?

              Seguramente a lo largo de nuestras vidas, hemos conocido a muchas personas, a las que eventualmente hemos tratado, ya sea el compañero de trabajo, que esta dos o tres meses cubriendo un baja, una cena en la que conoces a alguien, esa persona que te presentan en un bar, alguien que esta con un amigo y conoces en la playa, el camarero tras la barra, los habituales del bar, o incluso estando sentado en un banco y viendo la gente pasar; como lleva alguien a un perro paseando, su forma de vestir, e incluso sus gestos hablando por teléfono, siempre se hace una recreación en base a lo que conocemos a esa persona de como será, siempre hay un juicio de valor en el que determinamos como es, resulta sencillo pues no les conocemos en profundidad. Y cuando hacen algo que no nos esperábamos, decimos, “vaya, me habré confundido”, pero no pasa nada, porque queridos personajes secundarios… esos no son los desconocidos.

             Los desconocidos son aquellos que si forman parte de nuestras vidas, que creemos conocer y saber cuales van a ser sus reacciones, esos ante los que estamos indefensos, y sabemos que harán cuando les vemos por la calle, la forma de saludarnos, la sonrisa ante una broma común, su reacción ante una noticia, conocemos la vida de la gente que al igual que uno, forma parte de su vida, incluso lo que piensa sobre aquellos que pasean por la calle, que hablan por el móvil, que están en un bar… o tal vez no.

             ¿Y porque no?.

              Fácil; nuestra naturaleza, y el ver el mundo como nosotros lo vemos, nos ciega ante los demás.

              Yo se cual seria mi reacción ante el problema de un amigo, se lo que haría, y como intentaría ayudarle, y eso me hace egoísta, porque confío en que si me pasara a mi, contaría con esa ayuda. Pero que pasa cuando esa ayuda no llega, que pasa cuando la reacción de aquellos que crees conocer, y que forman parte de tu mundo, no llega.

              Que lo consideramos una traición.

              Y estamos equivocados, dolidos… pero equivocados.

              Y es que hay que entender que cada uno es como es, que conocemos mas a la gente que pasea, que a aquellos que están con nosotros, y hay que aceptarlo como una equivocación, no como una traición. Se comportan como son, siguiendo sus códigos éticos, su propia moral. Y  la forma mas común de definir esa traición es decir “no esperaba eso de ti”. Y aquí se ve que cuando te das a alguien, cuando confías en alguien esperas algo a cambio, “yo te doy mi cariño, si tu me das el tuyo”, sugiere ser un condicionante, y no debería ser así. Deberíamos vernos a nosotros mismos en nuestro error de hacer algo por alguien esperando algo a cambio, y evitar ese sentimiento de traición, cuando ese algo no se produce, olvidemos frases como “me equivoque contigo”, “después de todo lo que he hecho por ti”, olvidemos ese chantaje emocional, y aprendamos a vivir, haciendo lo que queremos, porque lo queremos hacer y no contar con que los demás lo harán porque podamos llegar a considerar que estén en deuda con nosotros.

 

             Y es que jamás conoceremos hasta ese punto a otra persona. La naturaleza humana es; compleja, leve, diferente, porque de eso se trata, la diversidad existe, la identidad es única, y cada persona no tiene un día igual a otro. No lo veamos como una traición, aceptemos la naturaleza de la gente, no equivoquemos el sentimiento de dejar de ser nosotros mismos, dolidos por la reacción ajena. Olvidemos ese sentimiento de decepción, y sigamos viviendo tal y como somos, porque queridos personajes secundarios;

                          la vida es así… nos guste o no.   

Agosto 22, 2007

¿Cuando hay que comerse los sapos?

Archivado en: General — prietenfernando @ 10:16 pm

          Esta historia me la contó un amigo, al que hace tiempo ya, que no veo.

          La historia cuenta, que Dios reunió un buen día por la mañana al hombre más feliz de la tierra, y al más desgraciado. Y les propuso lo siguiente;

          “habréis de comeros ambos un sapo cada uno, durante el día de hoy, y os doy a elegir el momento de hacerlo”

          Ante eso, el mas desgraciado, quedo pensando un momento, miro uno de los sapos, que croaba delante de el. Era verde, rugoso, incluso olía mal, y su cuerpo estaba cubierto de babas pegajosas y putrefactas. Lo vio tan mal y tan asqueroso, que pensó que a lo mejor a lo largo del día, el sapo podría morir, y así no tendría que comérselo, e incluso hacia mal tiempo, y podría caerle un rayo, o podría comérselo otro animal, y así tampoco tendría que comerlo el, e incluso caerle un árbol encima y aplastarlo, o que se ahogara, aunque, bueno, los sapos saben nadar, así que, siguió pensando un poco mas, y dijo:

          “a la ultima hora del día, en el ultimo minuto, a esa hora me lo comeré”

          ¿Y tu?- pregunto dios al hombre mas feliz de la tierra

          “Ahora mismo”- y dicho esto se lo zampo sin patatas ni nada, de un bocado. Eructo, dijo adiós, y se marcho lentamente,  mirando a su alrededor y silbando alegremente por el camino.

          Y es que queridos personajes secundarios, ¿Qué es un sapo?, es la llamada que no queremos hacer, la reunión que no queremos tener, el problema que alargamos e inevitablemente nos devora por dentro, cerrar los ojos y creer que si no vemos, los demás no nos ven, evitar aquello que sabemos que tenemos que hacer tarde o temprano.

          Así que, vosotros veréis, pero yo desde luego siempre procuro desde hace un tiempo, si lo tengo que hacer, comerme los sapos a primera hora de la mañana.

                 P.D.- Desde aquí un abrazo muy fuerte a Aiuola, gran profesor, y mejor persona, ante todo un amigo, que me contó esta historia cuando aun me comía los sapos a última hora de la noche.

Agosto 12, 2007

Historias de bares (1)

Archivado en: General — prietenfernando @ 4:44 pm

              

          El otro día entró una persona en el bar, donde suelo tomar yo el café, era uno de los parroquianos habituales del lugar, y vino contando que le habían puesto una multa por exceso de velocidad y que le habían quitado no se cuantos puntos del carné de conducir.

          Ante una desgracia ajena, la gente suele responder con una sonrisa, se ríe por dentro, es esa extraña crueldad que posee la naturaleza humana, se alivian por que no les haya pasado a ellos, y muestran esa sonrisa, como diciendo “vaya ostia te han dado con eso” o “¡si!, ¡no jodas!, 600 euros de multa”, “con eso, se te jodieron las vacaciones este año”. Y esperan detalles jugosos para que el que narra, enriquezca la historia, de cara a contarlo, luego ellos por ahí. Es una manera fácil de servirse de la desgracia ajena, para hacer menos infelices la situación de sus vidas, pensar que alguien pasa por un mal momento, les hace ver ese espejismo ilusorio de que ellos tienen suerte. Existe ese paradigma entre el fuerte sobre el débil, el que esta bien sobre el que esta mal, y la situación de este mundo que reside en que para que haya riqueza, debe existir la pobreza.

          Y es muy triste escudarse en la desgracia ajena, para aliviar la vida propia.

          Imaginemos que la misma persona entra en el bar y dice que en la lotería primitiva del sábado, le han tocado 2 millones de euros.

          Que diría la gente del bar, y aquí dejo esa pregunta en el aire. ¿Cual seria la reacción?, ¿alegrarse por su suerte?, ¿felicitarle?

          Ojala aprendiéramos a escuchar y a reaccionar en consecuencia, sin dejarnos llevar por nuestros propios miedos.           

Agosto 10, 2007

La mujer que no queria ser besada- (otro cuento)

Archivado en: General — prietenfernando @ 4:41 pm

         

           La vieja lámpara de mesa parece dudar de su propia luz. Desprende un brillo cambiante en su tono, su forma, y su luz parpadea en ocasiones con un  fulgor débil  triste e inconstante. Esta  luz, este brillo, hace que Anna, ya cansada, coloque cuatro velas alrededor de la mesa. Velas de diferentes alturas y colores, usadas ya anteriormente en ocasiones más aparentes.

            Enciende con parsimonia monacal las mechas de las velas, que tosen  humo, tras tanto tiempo, y parecen brillar con la intensidad dolorosa de una lágrima que arde.

            Ordena sus folios, que sobre la mesa son hojas de otoño revueltas por el tiempo y coloca dos sobre el  pequeño atril, dándoles su debido protagonismo sobre los demás.

            Se acerca un cigarrillo a los labios, y con la monotonía habitual de alguien que fuma una cajetilla diaria, lo enciende, sin  dar importancia a unos movimientos ya mecánicos a esas horas de la madrugada.

            Expulsa el humo por entre esos labios, tantas  veces deseados y por tantos hombres. Hombres también tomados con la monotonía de los cigarros.

            Mira  las hojas colocadas en el atril, y las traspasa, en realidad no las ve. Esta mirando más allá, hacia dentro, a ella. A ella cuando tenía quince años y conoció a su primer hombre.

            A él sí le besó. Sus primeros besos, esos cargados de inocencia. Ese verano de juventud, de su primer amor, de su primera pérdida. Ahora recuerda la imagen. El sobre ella, besándola, con besos que se van haciendo menos románticos y más voraces, que buscan su cuerpo y no sus labios. Que ella no negó, porque él dijo, que era lo normal.

            Pero, ¿Qué iba a hacer?. Si sólo tenía quince años.

            Él tardó diez minutos en acabar, para luego quedar con ella, a su lado tendido y repitiendo lo cojonudo que había sido.

                    “Por lo menos tuvo el detalle de darme un beso”-piensa ella.

                    (El beso de la despedida, ¿Recuerdas?).

            Sí. Ella no le volvió a ver más. Desapareció. Ya conseguido lo que quería, se desvaneció, rehuyéndola todo el verano.

                    “Mi primera derrota”.

            Frota sus ojos con fuerza, demasiada como para vencer el sueño, y así, con las primeras legañas de la madrugada, desaparecen también los recuerdos no llamados, no  deseados.

             Concentra la vista en las hojas y decide substituirlas por otras.

                    “Segundas hojas, segundo amor”.

                    (¿Cuál fue tu segundo amor?).

                    “Aquel con el que estuve tres años y perdí, y aún no se porque”.

                    (Porque era, como tú eres ahora.).

                    “¡No!”.

                    (Era perfecto, ¿Verdad?).

                    “Sí que lo era”.

                    (¿Todavía te gustaba besar?).

                    “Deseaba besar”.

                    (Pero a él le gustaban otras mujeres y tú no lo viste).

                    “Si lo vi”.

                    (¿Y por qué no le dijiste nada?).

                    “Por… miedo”.

                    (¿Sigues pensando qué hiciste algo mal?).

                    “¿Y no lo hice?”.

                    (No te eches la culpa. Él era así y lo seguirá siendo. Y a ti te amo, aunque tú lo negaras después. Te quiso demasiado, por eso te dejo).

                    “No lo entiendo, ¿Cómo pudo dejarme, si me amaba demasiado?”.

                    (Porque tuvo miedo.).

                    “¿Qué tipo de miedo es capaz de hacer eso?”.

                    (El que tú tienes ahora).

            Se levanta. Se levanta impulsada por un deseo repentino de ducharse. Las llamas de las velas tiemblan y parpadean ante el brusco  movimiento para después reencontrar las monótonas sombras. Y  va a la ducha, encendiendo todas las luces que encuentra su paso.

                    (¿Escapas de la oscuridad?).

            Se desnuda y mete en la ducha. Abre la llave del agua fría y deja que ésta recorra su cuerpo en un intento vano de no caer en el sueño del recuerdo.

                    (¿Recuerdas la noche qué te dijo adiós?. En un bar, a las cuatro de la madrugada, mientras tomaba una ultima cerveza. Tú no lo esperabas. Te agarró la mano, y lo dijo. Él esperaba que tú fueras fuerte, que no te desmoronarías).

                    “Pero yo caí”.

                    (Y él lo pasó mal, ¿Verdad?).

                    “Me alegro, se lo merecía. Después de todo él me había traicionado, salía con otra”.

                    (Porque era un pájaro enjaulado).

                    “¡Y qué!, yo también, y a mí me gustaba la jaula”.

                    (Pero él quería ser libre.).

            Sale de la ducha desnuda, y desnuda va a su cuarto, secándose levemente por el camino, casi sin interés, para llegar y sentarse en la silla. Las velas continúan impasibles en su vago brillar. No desea vestirse. Está bien sentir frío, el frío de su cuerpo, de su desnudez, de las tímidas gotas que reposan en  ella. Echa hacia atrás los hombros y la cabeza, mientras una de sus manos se pierde por recorrido de sus muslos.

                    (¿En quién pensarás cuando te masturbes?).

                    “No lo sé”.

                    (¿En Raúl?, tú primer amante).

                    “No, ese me folló”.

                    (¿Qué te atrajo de el?).

                    “No sé, quizás su apariencia física, era fuerte, aparentaba ser mayor, y hasta que me consiguió, me sentí protegida”.

                    (Defendía su propiedad).

                    “Sí, tal vez. No lo niego”.

                    (¿Sufriste con él?).

                    “No, no fue sufrimiento, fue traición. Tal vez esperé más”.

                    (Entonces, ¿Pensarás en el segundo?).

                    “No, me dolería”.

                    (¿Y qué hay de malo?, ¿Acaso no es puro el  dolor del amor?).

                    “No. Es dolor esclavo, un dolor que he intentado olvidar, un dolor que vuelve a mí”.

                    (Porque lo añoras).

                    “¡Cómo voy a añorarlo!”.

                    (Porque el te lo robó).

                    “Sólo me robó el primero, y fue mi virginidad lo que perdí”.

                    (El segundo robó más de ti).

                    “¿Qué?”.

                    (Dímelo tú).

                    “¿Mi inocencia?. Si me robó eso, no lo lamento, desde entonces ya no fui tan tonta”.

                    (Y con la inocencia, el último beso).

                    “Pero, ¿De qué sirve la inocencia, si te hace sufrir?. ¿De qué sirve?”.

                    (Por eso te cerraste, ¿Verdad?. Fue una venganza contra los hombres y esa extraña crueldad que poseen, ¿Verdad?. Por eso te convertiste en una amante fría. Por eso deseabas, y sin tener, tenías. Hasta que llegó el último. El cartero poeta. Al que esta mañana has dejado. El único que te pidió amor).

                    “Sí, me cerré, pero no tiene porqué significar perdida, sino maduración”.

                    (¿Te acuerdas de los hombres que pasaron después por tu vida?. Fueron muchos en poco tiempo. Y dejaste tu cuerpo para que jugaran con el).

                    “Hubo varios, sí”.

                    (Ellos no te pidieron besos).

                    “Sólo al principio”.

                    (¿Qué recuerdos guardas de ellos?).

                    “De uno, su olor a tabaco, fumaba constantemente, incluso cuando follaba”.

                    (¿Cuándo follaba?. Acaso él, ¿No te hizo nunca el amor?).

                    “Ni él, ni los demás”.

                    (¿Quiénes fueron los demás?).

                    “Hubo un fotógrafo. Era divertido. Me pedía posar desnuda para él. Me sacaba unas fotos y luego me contemplaba. Era romántico, ¡Sí! Pero sólo para él. Interpretaba siempre la misma escena y me recordaba a los pintores parisinos que pintan a sus modelos y después no pueden evitar acostarse con ellas”. Siempre creí que lo hacía por eso. Me sacaba dos o tres fotos, tras pedirme más de mil veces que cambiase de postura, luego me miraba con ojos de lujuria, me tocaba, y se acostaba conmigo”.

                     (¿Y qué pasó?).

                    “Nada, simplemente me aburrí.”.

                    (¿Quedan más?).

                    “Sí, hombres de borracheras en fiestas, de físicos atractivos, del último bar que queda abierto, de noches aburridas”.

                    (¿Hombres tomados con indiferencia?).

                    “Sí”.

                    (¿Cómo aquel otro que sólo te llamaba para acostarte con él?).

                    “Sí”.

                    (¿Qué te iba a buscar, y sin cruzar apenas palabras contigo, te llevaba en coche a algún sitio perdido, y os dedicabais a follar, para  después llevarte de vuelta, con casi menos palabras que en la ida y quedabais para otro día?).

                    Se levanta, va al armario y saca de su oscuridad una bata, que se pone. Hace frío y ya no quiere sentir el frío. Es un frío intenso, y con las velas aún encendidas, en esta madrugada del viernes, se tumba en la cama intentando olvidar, porque los recuerdos que tiene duelen, cada vez más, poco a poco, pero cada vez más.

                     “¿Y mí último amante?”.

                    (El cartero poeta, como tú le llamabas).

                    “¿Porqué como yo le llamaba?”

                    (Recuerda que les ha abandonado esta mañana, ya no le podrás llamar poeta, tan sólo en el recuerdo, pero a él, a él ya nunca).

                    “Mi pequeño poeta”.

                    (¿Cómo le conociste?).

                    “Me trajo una multa”.

                    “Aún no sé qué vio en mi”.

                    (¿Qué hacía?).

                    “Metía poesías en el buzón”.

                    (¿Y le pillaste, verdad?).

                    “Sí, recuerdo que estaba sentada en el descansillo de la escalera, esperando, y cuando le pille se puso rojo como un tomate”.

                    (¿Qué le dijiste?).

                    “Le pregunté a ver si lo hacía para follar conmigo”.

                    (Y el te contesto que no).

                    “Ya”.

                    (¿Acaso lo dudas?).

                    “¡No!, sólo al principio, pero no, definitivamente no”.

                    (¿Cómo te fue con él?).

                    “¿Cómo me fue?. No sé. Estuvo bien, pero algo falló, algo fallo…”.

            Y mientras se va quedando dormida, le ve a él entre la neblina que se va formando ante sus ojos. Su cuerpo se relaja, y lentamente se pierde en ese último recuerdo, de un sueño, lejano, distante, que poco a poco, a hurtadillas, despacio, se acerca a ella, a paso lento.

                    -¿Qué pasa?, ¿Quieres follar conmigo?-dijo ella desde el rellano de la escalera, mirándole de soslayo, mientras sostenía un cigarro entre sus dedos.

            Él se sobresalto, no esperaba que le pillasen, y se le cayeron todas las cartas al suelo.

                    -No-acertó a decir.

                    -Entonces, ¿Por qué me escribes poemas?-continuo inquisitiva.

                    -No se, supongo que me gustas.

                    -Lo supones o lo sabes, el amor no se supone. Se sabe o no se sabe-replico enérgica mientras tiraba el cigarro al suelo.

                    -Lo sé.

                    -Vale, recógeme hoy a las siete.-y dicho esto, se fue.

            Y él la recogió a las siete, y ella lo paso bien con él, y él siguió escribiendo poesías, poemas, sueños, y todos los días pidió un beso de sus labios, y todos los días marchó a casa con el beso negado, todos los días, siempre su esclavo, siempre pendiente, a la espera, disponible, siempre queriendo, deseando, siempre esperando, mártir de sus deseos, y siempre, en la vuelta a casa, con la triste sonrisa del eterno deseo.

            Y ahora su figura se desvanece, como humo, frágil, como si nunca hubiese existido, difuminándose lentamente hasta llegara perderse, a perder, a perderlo, perderlo….

            Despierta sobresaltada, con la respiración agitada por el sueño.

                    “¿Por qué le dejado?”.

                    (¡DUDA, MIEDO, INOCENCIA, ORGULLO, PERTENECER, RESPONSABILIDAD, LIBERTAD!).

                    “¡No!”.

                    (Por qué le quieres, porque le quieres y no te atreves a querer, porque tienes miedo de dar más y no recibir, por el orgullo que nació del sentimiento perdido, por la responsabilidad que deseabas, por la libertad que no quieres, por tu inocencia, que repudias cuando intenta ser rescatada).

                    (Porque has luchado mucho para no sentir, y te has visto débil. Porque tú le amas. Porque deseas besarle).

                    “¡No!”.

                    (Porque la vida te ha dado golpes, y tú no has querido sufrir, y eres alguien que no quieres, encajas los golpes y cambias, encajas y cambias, y pierdes. Pierdes tú, y te pierdes a ti).

                    (Porque ya no sabes distinguir un golpe de una caricia).

                    -¡No!-grita rompiendo el silencio de una mañana que se despereza y despierta.

                    -¡No!-repite, mientras sus ojos vacíos, miran sin ver la luz del amanecer, que entra cautivada, solitaria, extendiendo su manto suavemente, matando la bruma de la mañana, la bruma que siempre acecha, que desaparece, rasgada, agonizante, retirándose cobarde ante la luz del sol, la luz doliente de la verdad. Luz que mata la validez de las velas, que ya no poseen la fuerza suficiente para luchar contra la luz verdadera.

                    (Si, y tú lo sabes).

                    -Si-dice ahora quedamente, mientras una lágrima resbala lentamente por su rostro. Una lágrima que escuece, por ser la primera en mucho tiempo. Por tener su razón en un motivo casi olvidado.

                    (¡Llora por tu cartero, llora!. Como lloraste por el otro, por ti. ¡Llora por tu vida, llora!. Llora por tu poeta,  por el único que te quiso, por el que no besaste, por él… ¡Llora!).

            Y ella acepta y acata la orden. Y llora. Llora por él, por ella, por los años perdidos, cerrados y oscuros. Por el miedo, de ella misma, de creer dar mas, de no ser querida. Por el orgullo que la impidió sentir. Por todo el vacío.

            El timbre del portal rompe la quietud silenciosa de la mañana.

            Ella seca sus lágrimas, que no quieren dejar de fluir, y va a la puerta.

                    -¿Quién es?-pregunta con voz lejana.

            Escucha la respuesta y abre.

            Cuelga el telefonillo y queda esperando, indecisa ante la puerta. La abre y, sin salir, desde dentro, escucha los pasos apresurados de alguien que sube.

            Él  llega, con la respiración agitada, y queda mirándola con ojos de redención, de culpa, a ella que con una bata y la mirada lejana, espera, espera dentro de la casa.

            El la quiere decir, que sí, que la culpa fue suya, sólo suya, que no es nadie para decirla nada, que no ha podido dormir en toda la noche, que no ha hecho más que pensar y pensar  y que lo siente, lo siente tanto, tanto, que está derrotado, vacío.

                    (¿Estás preparada?).

                    “No lo sé, tengo miedo”.

                    (Deja que te bese y así puedas sentir los besos, los iniciales-inocentes, los siguientes-apasionados, e incluso los últimos-derrotados).

                    “Tengo miedo”.

                    (¿Y acaso este miedo no es bueno?).

                    “¿En qué?”.

                    (Demuestra que aún estás viva).

                    -Acércate-dice ella.

            El se acerca y queda esperando, a un paso de ella.

                    -Entra en mi vida-le pide.

            Y él, la toma entre sus brazos rodeándola, lenta, suavemente y quiero pensar que si, que como el príncipe del cuento, con el primer beso de amor, la despierta.

            Aunque la vida nos haya enseñado, que igual, probablemente, ella no le hubiese abierto la puerta.

            Pero a pesar de saberlo, y por la necesidad de algo en lo que creer, todos seguimos llamando.  

Agosto 8, 2007

Ayudar si, pero sin redención

Archivado en: General — prietenfernando @ 1:33 pm

          Imaginemos que hay un hombre que tiene dos hijos. Supongamos que uno de los hijos tiene un accidente, y necesita una transfusión de sangre del padre. El padre esta, con el otro hijo, en un pueblo a 200 Km. del hospital en el que esta el chico malherido. Es avisado, y sabe, que es cuestión de tiempo, y si no le hacen la transfusión de sangre en breve, el chico morirá.

          Tiene que coger el coche, e ir rápido. Pero cuanto es lo rápido que se puede ir, que pasa si yendo al límite, el coche se estrella, y que pasa si no llega a tiempo. Como se puede medir un problema en el cual el que ayuda, tiene que mantener la cabeza fría, y si, dar todo lo que le sea posible dar, lo que este en su mano, eso si, sin que el problema llegue a anularle como persona.

          El padre tendrá que ir al limite, pero sabiendo las consecuencias de sus actos, sabiendo cual es el limite al que puede ir, sin perder el control de la situación, tiene que llegar, pero perderse a si mismo en la carretera, significara que un hijo morirá, y el otro quedara desamparado.

          Siempre hay que ayudar a quien queremos y nos pide ayuda. Mostrar que somos fuertes, ante sus ojos, aunque luego el problema nos derrumbe en un principio. Pero eso si, desde la calma. Y continuar sin perdernos a nosotros mismos en el camino, sin perder nuestra identidad, y transmitiendo la serenidad necesaria para poder ser útiles. Debemos pensar con el corazón, pero sin que ese pensamiento nos aturda de tal manera, que no podamos tomar nuestras decisiones con la cabeza.

Agosto 7, 2007

Las cosas, siempre les pasan a los demás

Archivado en: General — prietenfernando @ 5:30 pm

             

 

            Esto va dedicado a todos los personajes secundarios, que como yo, quizás pensaron alguna vez, que en la vida; no les pasaba nada. Aprended a quereros. Nada existe sin el riesgo a jugar, señores, y desde luego, durante años puede uno estar sentado en el anden de la vida, viendo pasar todos los trenes, quizás por miedo o por respeto, nunca se sube a ellos, y  lo único patente, es que los años siguen pasando. No digo que os vayan a pasar cosas buenas. Que os pasaran cosas; es seguro, pero no es bueno tampoco permanecer inmóvil, levantaos, y decidid que camino tomar, pero siempre y cuando hayáis decidido asumir las consecuencias. No vale decir, “me retiro”, o “en realidad no quería”, juguemos a vivir y a que nos pasen cosas, y no a los demás. Metámonos en los charcos del camino, impliquémonos en la vida, pero no pasemos como meros espectadores. Aprendamos a no ser un secundario figurante, de esos que salen al fondo en una película, tomando un café, vayamos paso a paso, elijamos el camino a seguir, el tren al que subir, llenemos nuestras maletas con todo aquello que nos gustaría, y pongámonos unas botas por los charcos en los que, dadlo por seguro, nos meteremos en este viaje, pero movámonos.

 

            Un abrazo queridos personajes secundarios, y recordad, que hasta ahora, hemos sido, y hemos estado; pero ahora nos movemos.

Agosto 6, 2007

Los niveles del dolor

Archivado en: General — prietenfernando @ 12:45 pm

              

            

               Dicen que hay un experimento en el que se puede determinar la resistencia al dolor. Es sencillo, se coge a dos personas y se les comienza a aplicar una presión en un punto que hay por debajo del lóbulo de la oreja, la presión se va incrementando lentamente, a las dos personas, a la vez, en igual medida. Y ahí se da el caso, de que uno de ellos no podrá aguantar mas, y pedirá que el experimento cese, mientras que la otra persona hubiese podido aguantar durante mas tiempo, con mas presión, antes de llegar a su propio nivel de dolor soportable.

               Y se da el caso de que en las relaciones humanas sucede.

               Así sienten las personas, cuando tienen un problema, y cuando sale de ellos contarlo a la gente que les importa, a los que quieren. Estas no deben cuantificar su importancia, ni pensar que su problema no es tan grave, porque partimos de la base, que no es nuestro problema, y que quizás nosotros no le daríamos tanta importancia como el, o ella. Por eso no se debe cuantificar el dolor ajeno desde nuestro punto de vista, escuchar es el primer paso, pero no reprochemos la actitud que no entendemos, ya que si no, no ayudaremos a la otra persona. Acordaos, del experimento de los niveles del dolor. Y pensad que aquel que os habla, este pidiendo que el experimento pare, porque no puede aguantar mas. Solo desde la aceptación y la comprensión se puede ayudar a la persona que se quiere, y luego desde ese respeto ya habrá tiempo para buscar soluciones.

             Y en esos momentos; es cuando se ve quienes son amigos de verdad.

              Un abrazo queridos personajes secundarios.

Agosto 3, 2007

Hoy como es viernes, pues un cuento

Archivado en: General — prietenfernando @ 4:04 pm

L E T E O  (*)

         

Había un hombre que miraba. Que miraba a una mujer llorando.

De rostro dulce, era la mujer.

Vivía lejos el hombre.

Todas las mañanas, de todos los días, de muchos meses, el hombre que vivía lejos; miraba.

Miraba a una mujer llorando. De rostro dulce, muy dulce.

Se sentía extraño, el hombre.

Algunas veces el hombre que vivía lejos, tocaba.

Tocaba las lagrimas, no la mujer.

Recogía lagrimas en sus dedos y bebía de ellos.

Y se iba a casa; vivía lejos el hombre.

Y por el camino de regreso iba vertiendo lagrimas de rabia e impotencia.

 “Tranquilo, todo se aprende”—dijo un día la mujer.

Algunas veces el hombre que vivía lejos, tocaba.

Tocaba a una mujer llorando.

Tocaba la piel, no la mujer.

Recogía el cálido sudor femenino en sus dedos y bebía de ellos.

Y se iba a casa; vivía lejos el hombre.

Y por el camino de regreso iba vertiendo lagrimas de rabia e impotencia.

 “La curiosidad es la base de los sentidos”—dijo un día la mujer.

Algunas veces el hombre que vivía lejos; desnudo, tocaba.

Tocaba tumbado a una mujer, llorando.

Sentabase entonces la mujer sobre el hombre desnudo.

Desnuda.

Sentabase lentamente la mujer.

Se movía la mujer sobre el hombre desnudo.

Lentamente.

Hacia calor,

Moviase más rápido la mujer…

fuera,

…como queriendo escapar.

y dentro.

Sudaba la mujer.

El hombre se quejaba.

Ella también.

Cada vez más.

La cara de la mujer; roja, sudando, cabellos en su rostro; caídos, mojados, mejillas encendidas, brillo en sus ojos; lagrimas, sed; en su boca,… en sus labios.

Y caía angustiado el hombre en las fosas del monte de Venus, y derramaba su llanto y su dolor, cubriendo la fosa con un gemido.

 “Quiero beber de las aguas del Leteo”—dijo un día el hombre.

Y la mujer dejole al hombre beber…

Acercole la cabeza la mujer al hombre y llevole a este por el recorrido de su cuerpo, por debajo de su centro, allá donde el monte forma sus colinas.

Caminó el hombre con la lengua, despejando el bosque hasta encontrar la gruta.

Abriose la gruta, henchida ante los pasos delicados de la inocente lengua.

…de las aguas del Leteo,…

Y bebió gozoso el hombre, del rojo cuenco, del fruto hinchado, lamiendo sus aguas, recogiendo su sabor.

…sudando por dentro,…

Y colmó su sed el hombre.

Y lamió el néctar de las tibias orillas, dejando al liquido fluir por la mujer; llenando el bosque de rocío.

Respirándolo.

…y seca de sed.

Quiso la mujer beber del hombre.

Y el hombre ofreció el sabor de ella a través de sus labios.

Unidos.

Derramados.

Y se iba a casa; vivía lejos el hombre.

Y por el camino de regreso iba vertiendo lagrimas de rabia e impotencia.

 “ Fácil es compartir, pero muy difícil entregar”—dijo un día la mujer.

Aun hoy, en algún lugar del atardecer, hay un hombre, que de regreso a casa va vertiendo lagrimas de rabia e impotencia.

Ya que bien es cierto, que no todos los que beben de las aguas del Leteo pueden olvidar su pasado.

Y con el pasado; el camino de regreso a casa.

 (*)—uno de los ríos del infierno, sus aguas hacían olvidar el pasado a quien las bebía. 

Agosto 2, 2007

La duda educada del no molestar

Archivado en: General — prietenfernando @ 7:24 pm

              

   ¿Qué fue de la gente, de la que un día me despedí?.

               Un buen día decides romper con ese presente, te despides, y les das un adiós amable con frases de cortesía, que por ser corteses son inapelables, y les sueltas un “ya nos veremos por ahí”, final y lapidario. En el momento de la despedida, no se piensa en el significado de la misma despedida, en lo que conlleva, y es que no hay mejor disfraz para las palabras, que la cortesía.

              Siempre he pensado en la ciudad de “ahí”, de rascacielos cuyo techo se pierde en las nubes, del cielo plomizo que los oculta, de la gente vistiendo como en la depresión americana de los años treinta, caminantes sin rumbo con trajes raídos, manchados de antiguos cafés, de copas de otra ciudad, sombreros ocultando la mirada, y una vieja maleta, que aun pesando mucho todos saben que esta vacía. Como una justificación para buscar a los demás, sin que se note que lo hacen. Un llevando algo que hacer, para hacer aquello que buscan. Y en ese vagar, se preguntan unos a otros “¿has visto a tal o a cual?”, y en la contestación una respuesta negativa, y un saludo, levantándose el sombrero para volver a calarlo en su sitio.

              Y así me paso, deje a la gente que conocí almacenada en un rincón de la memoria. Sucede a menudo a lo largo de la vida, y a veces te planteas intentar volver de algún modo, retomar ese tiempo, volver a ver a esa gente, pero siempre surge la duda educada del no molestar.  

              Por circunstancias de la vida o cambios en el carácter, que siempre pensé que la gente no madura, simplemente cambia a pequeños trazos, quedaron almacenados en el rincón de la memoria, saliendo a veces a pasear, claro, a lo largo de los años, pero siempre en ese rincón, en una actividad pasiva. Y al final lo que te mueve es la curiosidad de una realidad cambiada. Me explico; cuando dejas de estar con alguien, el mundo cambia para uno mismo, no para los demás.

               Aquellos que deambulan en la ciudad de “ahí”, tienen el mismo aspecto, trabajan en lo mismo, y piensan lo que uno piensa que pensaban.

              Por eso a veces hay que tomar las riendas de nuevo,  saber de las vidas de aquellos que en un momento de nuestra vida, formaron parte de ella, y dejar al margen la duda inevitable del no molestar.

              Así es como lo veo, y así lo hice. Y puedo decir, que enriquece saber y estar ahí, no ya en la ciudad, sino en el presente que vivimos, con la gente que un día formo parte de nuestras vidas, y a la que quisimos, y movernos dejando a un lado esa duda, ya que es más fuerte; el sentimiento de saber que todavía les queremos.

                    Un abrazo, queridos personajes secundarios.

  

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